jueves, 4 de diciembre de 2008

Contexto Histórico

La vida de Francisco de Goya se sitúa entre dos siglos: la etapa teóricamente optimista (s.XVIII) que concluye con el reinado de Carlos IV, y el periodo de invasiones y convulsiones que sacudieron la España del s.XIX.

Durante su primera época reinaba Carlos III. Así, Goya se dedicó mayoritariamente a pintar escenas cotidianas de la vida del pueblo en las que se reflejaba su optimismo y retratos de ministros importantes como el Conde de Aranda, Gaspar M. De Jovellanos o el Conde de Floridablanca, entre otros.

En 1788 subió al trono Carlos IV, un monarca absolutista que tuvo que convivir con el estallido de la Revolución Francesa. Durante esta época Goya trabajó en la Corte de Carlos IV, donde pintó numerosos retratos de la familia real. Así pues, podemos decir que estas primeras obras pintadas en Madrid ofrecen una visión optimista de la vida. Este mundo idealizado se refleja sobre todo en los cartones para tapices que realizó entre 1774 y 1792.

A partir de 1792, Goya tras padecer su grave enfermedad empieza a reflejar en sus obras los aspectos más sórdidos y crueles de la sociedad. Esta nueva visión del mundo, ácida y crítica se manifiesta en su serie “Los caprichos”.

En 1808 estalló la llamada Guerra de la Independencia en España, lo que dio lugar a la pintura dramática de Goya, que dejó de ser descriptiva. En 1814 se produjo el desastre francés y por lo tanto la deposición de Jose I.

Tras la invasión francesa regresó al trono Fernando VII, pero el rey, que anteriormente había sido un monarca ilustrado se convierte ahora en un rey absolutista, a consecuencia de la Restauración del Antiguo Régimen en Europa. Los temas que interpreta ahora Goya en sus obras son, en su mayoría, históricos y en sus obras plasma una de las visiones más pesimistas que ha ofrecido nunca la pintura sobre la realidad humana.